Generalmente, pensamos en hombres cuando nos hablan de Ingeniería y Tecnología pero, afortunadamente, cada vez hay más mujeres emprendedoras y soñadoras que se atreven a romper los estereotipos. Gracias al trabajo de estas mujeres pioneras, la nueva generación de niñas contará con referentes femeninos en todos los ámbitos científico-tecnológicos.

Esther Borao es un ejemplo de mujer rural que ha conseguido hacerse un hueco en el difícil mundo de la Ingeniería por méritos propios. Esta vecina de la localidad zaragozana de Gallur, ingeniera industrial especializada en automática y robótica, nos cuenta su trayectoria profesional y sus proyectos actuales.

Esther Borao (izq) y Davinia Moreno (dcha) en las instalaciones del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos.

 

¿Cómo comenzaste a interesarte por el mundo de la Ingeniería?

De pequeña me gustaban mucho las barbies y la moda, pero también las matemáticas, el dibujo y los ordenadores. Al terminar el instituto no sabía muy bien qué estudiar… Fue mi hermana mayor quien me animó a estudiar una Ingeniería porque ella siempre decía “que tenía muchas salidas”. Al principio, me planteé estudiar Ingeniería Informática pero pensé que habría muchos “frikis” (risas) y deseché la idea. También pensé en Ingeniería Química, pero finalmente opté por Ingeniería Industrial porque me parecía una carrera global en la que puedes abarcar cosas muy diferentes. Como yo digo: “En Ingeniería Industrial aprendes un poco de todo pero no aprendes mucho de nada”. Al final lo que más me gustó fueron los circuitos, la electrónica, la robótica… ya que puedes crear y dar vida a las ideas que tienes en la cabeza.

Vivir en un pueblo pequeñito como Gallur, ¿te limitó de algún modo para realizar estos estudios?

Yo nunca me sentí limitada para estudiar o conseguir lo que quería por el hecho de vivir en un pueblo pero es cierto que, al final, te tienes que ir a estudiar fuera. Yo fui a estudiar a la Universidad de Zaragoza. Los primeros dos años estuve en una residencia universitaria. Posteriormente, compartí piso como la inmensa mayoría de los estudiantes. Además, estuve un año viviendo en Varsovia (Polonia) gracias a una beca Erasmus para estudiar en la Universidad de Tecnología de esa ciudad y estuve otro año viviendo en Sevilla gracias a la obtención de la beca Séneca.

En general, asociamos “Ingeniería” a carrera para hombres… ¿tuviste alguna dificultad o te has sentido discriminada en algún aspecto por ser mujer?

No. La verdad es que llega un momento en el que te acostumbras a estar rodeada de hombres y ni te das cuenta. Ver hombres a tu alrededor constantemente se convierte en lo normal. Es más, podría decir que he sufrido “discriminación positiva”. Por el hecho de ser mujer que trabaja en tecnología me llaman de muchos eventos para que participe y pueda presentar mis proyectos o contar mi experiencia, ya que es bueno que las niñas tengan role models.

Hace poco creaste, junto con Luis Martín y Jorge Mata, la empresa Innovart… ¿Cómo surge la idea de crear tu propia empresa?

Cuando yo era pequeña mi padre trabajaba en una imprenta mientras que a mi madre le gustaba pintar. Yo creo que he fusionado el aspecto técnico de mi padre y el artístico de mi madre porque me encanta la innovación, la tecnología y su combinación con el mundo artístico. En España no hay empresas que combinen arte y tecnología así que si quería trabajar en lo que a mí me gustaba sólo tenía dos opciones: irme al extranjero o montar una empresa a mi medida. Opté por la segunda opción, conocí a personas con mis inquietudes y de ahí, surge Innovart.

Algo que me ha llamado mucho la atención es el “logotipo vivo” de la Remolacha Hacklab… ¿en qué consiste?

Innovart gestiona el laboratorio ciudadano La Remolacha HackLab, que está localizado en las instalaciones de la antigua azucarera del Rabal en Zaragoza. Esta azucarera utilizaba remolacha para fabricar el azúcar. De ahí, el nombre de este espacio colaborativo de innovación social. Por ello, junto a Miguel Frago y Raúl Oliván, pensamos que la propia remolacha viva podría ser el logo, algo que si lo alimentas, crece. Es un poco la filosofía del espacio, “si lo alimentas con actividades enriquecedoras, el espacio vive”.

De esta manera, surgió el logotipo vivo: una remolacha de verdad, monitorizada en tiempo real cuyo tamaño, temperatura y humedad se miden digitalmente. El logo tiene 4 botones: luz, agua, alimento y música, de forma que el usuario puede interactuar con ella, regándola, dándole luz, alimentándola o poniéndole música. Estas interacciones tienen un efecto inmediato en la forma, tamaño y color de la remolacha (el logo del espacio) que podemos observar en la pantalla. Además, cualquier persona puede verlo e interactuar con él a través de la web.

En tu excelente trayectoria dentro del mundo de la tecnología y la innovación te han concedido muchos premios, entre ellos, ganaste el programa YUZZ de emprendimiento del Banco Santander en 2017. Si no me equivoco, el premio fue una semana en Silicon Valley… ¿cómo fue esa experiencia para ti, una joven de Gallur en la meca de la tecnología?

Fue sin duda una experiencia increíble aunque fue duro llegar hasta allí. Se presentan proyectos innovadores de una gran calidad por lo que la competición es de alto nivel. Finalmente, el proyecto “The ifs” que presenté junto con mis colaboradores Luis Martín, Borja Latorre y Fergus Reig salió adelante y ganamos en la provincia de Zaragoza. Así, junto con otros 50 emprendedores (uno de cada provincia), viajamos a Silicon Valley. Una vez allí, vimos las sedes de Google, Facebook, Airbnb o Uber, pero sin duda lo mejor del viaje fue conocer gente emprendedora que comparte la misma filosofía de vida que tú. Este tipo de encuentros son muy enriquecedores. Yo tuve la suerte de poder hacer una presentación en Facebook y establecer algún contacto allí que, ¡quién sabe!, igual en el futuro me sirve para algún nuevo proyecto.

Háblanos del proyecto “The ifs”

En Makeroni (Asociación cultural tecnológica nacida en Zaragoza en 2013), trabajábamos organizando talleres para niños con el objetivo de mostrarles que la tecnología está al alcance de cualquiera. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que explicar qué es la programación a niños menores de 6 años era una tarea difícil puesto que muchos de ellos todavía no saben leer muy bien y, además, no hay juguetes adaptados. Pensamos en crear juguetes que permitieran a niños, a partir de los 3 años, programar de forma intuitiva y así nacieron “The Ifs”. Se trata de una familia de 4 robots (Emma, Liam, Noah y Holly) que quieren fomentar el desarrollo de las habilidades cognitivas de los peques de la casa mientras se divierten jugando.

Cuando estábamos creando estos robots, fui consciente por primera vez de cómo la tecnología está orientada hacia los niños y no hacia las niñas. Por ello, decidimos crear unos robots que fueran atractivos para niños y niñas. Gracias a una primera campaña de Crowdfunding hemos conseguido dinero suficiente para fabricar los primeros prototipos, que podrán probarse en colegios para ver la aceptación que tienen y las cosas que tenemos todavía que mejorar.

Con esta increíble trayectoria tienes que tener muchas historias que contar… ¿Participas en programas de divulgación para inspirar a niñas que se interesen en la tecnología?

La divulgación me gusta mucho y participo en eventos y programas siempre que tengo tiempo.

Desde hace 4 años organizo Arduino Day Zaragoza, donde celebramos el cumpleaños de Arduino, y enseñamos a través de talleres, charlas y stands lo sencillo que es utilizar este microcontrolador para hacer tus propios inventos.

Pero no fue hasta el año pasado, al dar mi primera charla en Women TechMakers Madrid (una iniciativa de Google que promueve a la mujer en la tecnología), cuando me di cuenta de lo importante que es divulgar y contar tu historia para que otras niñas vean las posibilidades que existen y otras mujeres se animen a contar la suya. Es por ello que creamos un libro que sirviera de referente para niñas,  también soy una de las organizadoras de WTM Zaragoza y de ahí ha nacido la asociación MulleresTech, con el objetivo de fomentar la participación activa de las mujeres en la tecnología y servir como referente e inspiración a las más jóvenes.

Firma Davinia Moreno

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