Con este título pocos creerían que vamos a hablar de arquitectura en este artículo y sin embargo serían las palabras más adecuadas para pensar una construcción.

A menudo al pensar en el edificio que queremos construir el encargo lleva la premisa: «quiero un edificio moderno o por el contrario tradicional». Pero ¿qué es modernidad o tradicionalidad?

Ante el reto de la materialización de un nuevo edificio la cuestión no debería ser ¿cómo queremos vivirlo?

Durante nuestras vivencias visitamos construcciones de líneas puras resueltas en cubiertas planas y excesivamente vidriadas cuyo confort se obtiene mediante sistemas de climatización para frio y calor. O por el contrario visitaremos construcciones de gruesos muros y controladas aberturas que nos pasarán desapercibidos.

¿No deberíamos buscar como ejemplos edificios en cuyo interior nos encontremos bien? Edificios que hablan de lo local que se adapta a las condiciones climáticas de su entorno donde recuperan el confort perdido?

La construcción de un edificio lleva consigo el siguiente proceso: el proceso proyectual, la materialidad de una idea, la solución constructiva y estructural de la misma y la ejecución. Es en el primer estadio donde se hace imprescindible escuchar, sentir, tocar la realidad física del medio que va albergar nuestro edificio, romper con todo lo preconcebido y considerar las necesidades del programa, y es por ello que no pueden existir dos edificios iguales pues no hay dos espacios iguales. La repetición en serie de un modelo no es arquitectura.

¿De dónde nace entonces esa universalidad de la arquitectura que convierte a esta en escultura cuando pretende repetir una forma previamente vista en otro supuestos?

A lo largo del siglo XX se produce el apogeo del Estilo Internacional donde comienza a desleír la componente local para incorporar unas condiciones internacionales.

Armonizar la arquitectura moderna internacional con las construcciones tradicionales que durante años han conformado las antiguas ciudades (desde la oikía griega a la domus romana) es el ejercicio que nos toca hacer ahora. Escuchar, sentir, tocar, para proyectar desde el interior el modo en que queremos vivir esos espacios que garantizan el bienestar futuro en el edificio sin necesidad de repetir un patrón o poner nombres.

Este diálogo del edificio con el medio conllevará soluciones constructivas más sencillas y acordes al clima (modificaciones en planta que permitan captar una mayor energía solar, grosores de muros con la inercia necesaria, patios que vuelcan la vida hacia el interior o voladizos a cristaleras controladas que garantizan un confort, podrían ser algunos ejemplos).

El proyecto y la ejecución de los edificios contemporáneas se han desarrollado según parámetros estéticos, funcionales y económicos.

Entonces ¿qué es modernidad y que tradicionalidad? ¿No podemos empezar a pensar en un concepto actual desde la experiencia de lo tradicional  escuchando el emplazamiento físico y local?

Es una tarea que debe pasar desapercibida en estos tiempos de luces y colores, pero contiene una carga no sólo racional. Somos lo que sabemos, somos lo que transmitimos y sentimos y todo ello es arquitectura.

Leticia Marín - Firma

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