Hola queridas lectoras, y también queridos lectores:

En esta ocasión quiero hablar del fracaso escolar. Todos sabemos que es más común de lo que parece, y eso que parece muy común. Se puede dar en cualquier etapa y nivel escolar, pero os diré que se da sobre todo en Educación Secundaria.

Personalmente considero que se está en situación de fracaso escolar, cuando un alumno corre serio riesgo de no ser capaz de obtener las competencias, que se adquieren al finalizar la Educación Secundaria. No estoy hablando de suspender alguna asignatura o suspender alguna evaluación. Suspender es un aspecto inherente al proceso de enseñanza-aprendizaje y todos hemos experimentado esa situación. Me refiero a situaciones de desmotivación sostenidas, que se manifiestan en un goteo de suspensos y cursos repetidos, sin otro horizonte que esperar cumplir los 16 años como salida al desencanto que sufren estos alumnos.

Si un alumno obtiene su título de la ESO, aunque no quiera seguir estudiando, no se puede entender que está en situación de fracaso escolar. Cualquier día puede retomar sus estudios si lo desea, porque posee el nivel de competencias básicas que le preparan para enfrentarse a la vida. Por esta razón recibe el nombre de básica y obligatoria.

El fracaso escolar es un síntoma claro de que algo va mal. Las causas que lo provocan pueden ser muchas y casi siempre concurren más de una. En Primaria se dan menos situaciones de fracaso escolar. En la mayoría de los casos van unidas a dificultades de aprendizaje que no han sido detectadas. Es más común cuando pasamos a Educación Secundaria y las condiciones cambian de repente, tan de repente que los padres se ven un poco superados por la situación.

Llevo 7 años trabajando como psicopedagoga con preadolescentes y adolescentes en situación de fracaso escolar y sé, por experiencia, que se puede superar dicho fracaso con un diagnóstico e intervención adecuados. El proceso de diagnóstico lleva varias sesiones y se realizan entrevistas con el alumno y con los padres. Normalmente el periodo de diagnóstico oscila entre dos o tres sesiones, a partir de entonces y partiendo de la información obtenida se emite una hipótesis de diagnóstico y un plan de intervención.

En la intervención trabajo con el alumno, pero también con los padres. Los resultados no son posibles, si no se coordinan las pautas, que se establecen para el alumno y para los padres, ya que son variables correlativas. Es decir que se influyen mutuamente.

A veces los servicios de orientación de los centros educativos no son capaces de dar respuesta a todas las necesidades que existen. Por eso es importante saber que hay alternativas de carácter privado, que pueden ayudar a los padres a reorientar la situación escolar de sus hijos y a superar situaciones temporales de desadaptación escolar y prevenir de esta forma un posible fracaso escolar al final de una etapa educativa.

Firma Manuela Aznar

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