Con 29 años, en plena juventud, recién casada, con todo por hacer… algo cambió en mí, y en consecuencia en mi familia y entorno. Me detectaron trastorno esquizoafectivo, y fue duro, muy duro tanto para mí como para mi familia.

Y hoy, yo, Yolanda, quiero hablaros de mí y de mi vida con trastorno esquizoafectivo en el medio rural.

Superado el primer momento, quedaba lo más difícil, vivir el día a día con los problemas y barreras que la enfermedad me daba, añadir las barreras que la sociedad rural puso frente a mi enfermedad, quizás por desconocimiento, quizás por miedo… no sé, pero todo esto hizo que mi vida, nuestra vida, en el entorno rural cambiase e hiciese que salir de mi pozo fuese más difícil, entrando en una depresión, y pensando incluso en irnos a vivir a la ciudad donde nadie nos conociese.

Yo, con mi enfermedad, sus barreras, las barreras de la sociedad, hicieron que además yo crease mis propias barreras, porque no confiaba en la gente, no tenía seguridad en que me tratasen correctamente… ¡¡Con tanta barrera, era más inaccesible que la Casa Blanca!!

Me costaba levantarme, lavarme, hacer las tareas domésticas… en definitiva, enfrentar el día a día. Cualquier cosa que tenía que hacer era todo un reto.

Coincidiendo con mi época más baja, mi marido Alberto, comenzó a dar clases de jota cantada por varios pueblos, lo que hizo que pasásemos la semana de aquí para allá. Y yo, que soy culo de mal asiento, allí que me iba de pueblo en pueblo con él, porque además aunque no he cantado una jota en mi vida, me gusta mucho escucharla.

Y así nos encontramos yo, mi trastorno esquizoafectivo y mis barreras, en una nueva situación, gente que no me conocía, que no tenía conocimiento de mi enfermedad y así mismo, sin prejuicios.

¿Y qué pasó? Que me acogieron con total normalidad, que supieron ver, que detrás de las barreras que yo había creado por autoprotección, había una mujer, con muchas ganas de conocer gente, y de pasar buenos ratos. Me ofrecieron una total confianza, y me sentí integrada, una más, una mujer, que al fin y al cabo es lo que soy.

Tengo total consciencia de mi enfermedad, sé que la medicación es imprescindible para llevar una vida normal, por lo tanto, soy consecuente. Si es importante la medicación, también lo es tener una actividad familiar y social diaria para poder convivir con la enfermedad sin que repercuta en el día a día.

Hoy soy una mujer, con más confianza en mí misma, con alguna barrera menos por derribar y que soy capaz de lo que me proponga. Tengo a mi familia que me quiere, un marido que me adora, y amig@s que hacen que mi vida social sea completa, y por ello me sienta más segura.

Firma Yolanda Lana

2 Responses to Mi estigma

  1. Avatar Marian dice:

    Gracias por compartir tus vivencias.
    Solo una persona fuerte y valiente es capaz de plantear lo que le pasa de una forma tan clara y transparente como lo has hecho tú. Felicidades.
    Además, está muy bien estructurado y el discurso es fluido y congruente.
    Estoy completamente de acuerdo con lo que cuentas y con los argumentos que subyacen en tu relato.
    Además, contarlo a quien tú quieres, cuando tú quieres y por el canal que tú quieres te hace, a mí entender, más libre y más poderosa.
    No dejes de escribir, Yolanda. En mi opinión, puede resultar muy terapéutico y además, se te da fenomenal.
    Un abrazo.

  2. Sandra Garcia Sandra Garcia dice:

    Claro que si!!!Hay que derribar barreras que nos ponemos y nos ponen hay que vivir la vida como se nos brinda ni más ni menos. Yo en persona no te conozco pero de vista mucho😊 tu marido tiene a varios conocidos y amigos entre sus alumnos y de veras que no te había notado diferente a nadie. Te veía tímida sin más pero oleeeee por ti y coger tu enfermedad por los cuernos y seguir luchando día a día. No nos queda otra. Mucho ánimo Yoli y no decaigas rodeate de gente buena y todo lo demás sobra. Un besazo enorme

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