Hoy 14 de Marzo, es el Día de las Altas Capacidades Intelectuales y, como madre rural, quiero sentarme contigo a charlar de esto como si estuviéramos tomando un café, sin palabras raras, de tú a tú. Porque hay un mito que hace mucho daño: pensar que las Altas Capacidades (AACC) son sinónimo de sacar dieces en todo.
Nada más lejos de la realidad. Las AACC son una forma diferente de percibir, sentir y procesar el mundo. El cerebro de una niño con AACC, es un cerebro neurodivergente, un cerebro que funciona diferente.
¿Qué son realmente las Altas Capacidades?
Imagina que el cerebro de la mayoría de las personas es una carretera nacional estupenda. El cerebro de un niño con AACC es una autopista de ocho carriles. La información va más rápido y por más sitios a la vez.
Pero, tener una autopista no significa que siempre llegues el primero al destino. A veces, si no hay buena señalización (si no se les atiende y entiende) o el motor se calienta demasiado (intensidad emocional, desmotivación, frustración…), el coche se sale de la vía. Por eso, muchos niños con AACC sufren fracaso escolar, si no están correctamente atendidos.
Características más comunes
Aunque cada persona es un mundo, igualmente al hablar de niños, hay características que se suelen repetirse, aunque no tienen por qué cumplirse todas. Las más comunes son:
- El pensamiento arborescente: A diferencia del pensamiento lineal (paso A, luego B), su mente funciona como las ramas de un árbol. Una idea le lleva a diez más en segundos. Por eso, a veces les cuesta explicar «cómo han llegado a la solución» de un problema; simplemente, su cerebro ha atajado.
- La Hipersensibilidad (Disincronía): Es muy común que su capacidad intelectual vaya por un lado y su madurez emocional por otro. Pueden entender la física cuántica pero llorar desconsoladamente porque se ha roto un juguete. Sienten «de más»: los ruidos, las luces, los olores o las injusticias les afectan físicamente.
- Gran sentido de la justicia y la ética: Desde muy pequeños se preocupan por temas globales: la guerra, el hambre, la muerte o el maltrato animal. No aceptan un «porque yo lo digo»; necesitan argumentos lógicos.
- Baja tolerancia a la frustración: Como suelen aprender rápido, cuando algo se les resiste (como la caligrafía o un deporte nuevo), pueden frustrarse mucho. No están acostumbrados a «no saber».
- Memoria y vocabulario asombrosos: Recuerdan detalles de hace años con una precisión pasmosa y utilizan palabras que, a veces, nos hacen pensar: «¿Pero dónde ha aprendido este niño a decir eso?».
No son buenos en todo: Las Inteligencias Múltiples
Howard Gardner, el psicólogo que desarrolló esta teoría, revolucionó la educación al proponer que no tenemos una sola inteligencia, sino al menos ocho tipos diferentes. Esto explica por qué un niño puede ser un genio con la música pero tener dificultades con la lectoescritura.
- Lógica-matemática y Lingüística: Las que más se valoran en el cole.
- Espacial, Musical o Cinestésica: El talento con las manos, el ritmo o el cuerpo.
- Interpersonal e Intrapersonal: La capacidad de entender a los demás y a uno mismo.
- Naturalista: Esa conexión especial con la tierra y los animales.
Cada persona destaca en unas y flaquea en otras. Aceptar las inteligencias múltiples nos ayuda a entender que hay niños con un potencial inmenso en algunas áreas, pero que necesitan apoyo y comprensión en otras. Como padres, no busquemos que sea el mejor en las ocho, busquemos que sea feliz desarrollando las suyas.
Un niño con AACC puede ser un genio de la robótica pero un desastre organizando su mochila o gestionando una frustración. La información es poder, y saberlo es necesario para saber y poder ayudarles.
El doble rasero, ¿por qué en el deporte sí y en el colegio no?
Si un chico de 16 años debuta en el primer equipo del Real Madrid o gana un torneo internacional de tenis, sacamos el pecho. Decimos que es un fuera de serie, que hay que apoyarle y que, por supuesto, no puede entrenar con los de su edad porque «se le queda pequeño». Lo vemos lógico, ¿verdad?
Sin embargo, cuando un niño de primaria es flexibilizado (lo que antes llamábamos «saltar de curso») porque su mente ya está tres años por delante, aparecen las dudas: «¿No será muy pequeño?», «¿Se va a traumatizar?», «¡Qué ganas de correr!».
Flexibilizar no es correr. Es darle al niño el nivel de oxígeno intelectual que necesita para no asfixiarse. Si a un deportista de élite le obligas a jugar siempre en la liga infantil, acabará dejando el deporte por aburrimiento. Con el cerebro pasa exactamente lo mismo.
Un mensaje a los padres: Perded el miedo
En el entorno rural tiene muchas cosas positivas, pero también hace que la diferencia todavía sea más visible y nos de más miedo como padres «colgar una etiqueta a nuestros hijos». Pero identificar las AACC, o cualquier otra neurodivergencia, no es poner una etiqueta o un estigma, es poner un nombre a lo que le pasa a tu hijo para poder acompañarle. Saber qué necesita y cómo podemos ayudarle.
Como bien dijo nuestra colaboradora Mª Isabel, «Papás, las antenitas siempre alerta».
Papás, no busquéis el sobresaliente en el boletín de notas, buscad la chispa en sus ojos cuando está aprendiendo algo que le apasiona. Eso es lo que realmente importa.

